En el cine de Alex de la Iglesia la corrección política es un concepto prohibido. Tapiado como en los relatos de Edgar Allan Poe. En "Las brujas", el director bilbaíno lleva la inconoclastia al extremo. No quedan tópicos sin descabezar: la dicotomía machismo/feminismo, la simbología religiosa, las relaciones de pareja, la tradición popular. Y mucho más. Es un festival de metáforas tan hilarantes como capaces de instalar reflexiones. De todo eso habla esta película disparatada y trepidante.
No pudo ser más feliz el reencuentro entre De la Iglesia y el guionista Jorge Guerricaechevarría. Hay un basamento histórico: el proceso por brujería llevado a cabo por la Inquisición española contra 40 mujeres en el Zugarramurdi original. Doce de ellas terminaron quemadas. Con esos datos en la cabeza de la dupla surgió un guión intenso, salpicado por diálogos ingeniosos -algunos desopilantes-, que desemboca en una media hora final absolutamente bizarra y desquiciada.
La construcción de los personajes de "Las brujas" se va delineando a medida que ellos confiesan sus miserias. Es una banda de perdedores con todas las letras y De la Iglesia los expone con la crudeza y maestría que lo caracteriza. A saber: la dupla de ladrones -uno con su hijo de 10 años a cuestas-, la madre del chico, empeñada en perseguirlos; el taxista, el pasajero que sólo quiere llegar a Badajoz, la dupla de policías, el "inadaptado social" al servicio de las hechicheras y las propias brujas que aguardan la redención que nunca llega. Y en el medio, una arpía traqueotomizada y otras dos travestidas. Hay, por supuesto, un reparto extraordinario liderado por Mario Casas y Hugo Silva y prestigiado por la enorme Carmen Maura.
"Las brujas" viene cosechando toda clase de críticas. Ese maniqueísmo en la opinión es propio de la obra de Alex de la Iglesia, a quien se ama y se denuesta, pero jamás genera indiferencia. Sin llegar a la altura de lo mejor de su cine, "Las brujas" funciona como máquina destructora de convenciones. El resto lo hace una cámara admirablemente manejada.